ALIVIO JURÁSICO (a toro pasado o a punto de embestir)

octubre 17th, 20207:26 am

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Cuando supe durante el largo y cruel confinamiento que hasta los 69 años tendría 6 horas de asueto, y con 70, sólo 3, pensé en teñirme el pelo, ponerme un chándal y salir por ahí, como hace Rajoy a paso rápido. Si me encontraba con Almeida, iniciaría una nunca iniciada carrera de runner para justificar el atuendo; si me encontraba con Sánchez o Iglesias hablando del “pueblo”, saldría pitando hacia la frontera, con el pasaporte entre los dientes bajo la mascarilla porque, a diferencia de Cuba o Corea del Norte, en España se permite salir pero no entrar; cuanta más gente salga, menos contagios. A enemigo que huye, puente de plata. Al pasar la frontera, me encontraría con Illa, Simón y todo su “equipo de expertos”, reclamados por la Interpol, y esposados por malversación de caudales públicos y de la Verdad.
Luego pensé que era mejor respetar mis canas y unirme a la procesión de los viejos, la Santa Compaña de una vida interesante, llena de acontecimientos, de compromisos, de pasión y superación, recordando al filósofo chino que pedía al cielo: “Haz que viva en tiempos interesantes”.
Habiendo corrido antaño delante de los “flics” en París, de la Guardia Nacional en Ohio, y de los “grises” en Madrid y Barcelona, hoy me inquieta que un policía municipal me pueda multar por haberme alejado más de un kilómetro de casa o haber superado el tiempo prescrito para airearme y tomar el sol, recordando lo que canta mi nieta Olivia en el cole: “Sol, solecito, caliéntame un ratito, por hoy y por mañana, y por toda la semana”.
Asegura el presidente del Gobierno que no estamos viviendo en una dictadura porque hay libertad de información, ya que sólo tienen sobornados a 38.500 medios y profesionales, y quedan unos 25 para decir lo que quieran, afrontando las consecuencias; y libertad de manifestación, puesto que la policía enviada por Marlaska no va a disparar por el momento.
Dice un pensador que aquel que necesita el poder no debería ejercerlo.
Decidme: ¿Quién de entre los actuales políticos españoles no necesita el poder para sentirse “alguien”, aunque sea ante su cuñao?
Ser un político profesional, sin diferencia de género; vivir de un partido que te dice lo que tienes que aplaudir o silbar, no puede inspirar ni confianza ni respeto. Y no puede haber ni “nueva normalidad” ni nada nuevo con cerebros prematuramente anquilosados a causa del mantenimiento de ideologías férreas, sean liberales, derechistas o izquierdistas. El anarquismo, hoy un movimiento residual y desnortado, lo analizaremos en otro momento, con testimonios de Emma Goldman o Henry Miller.
Confiemos en que algún día nos gobiernen sabios, no trileros, y pidamos al cielo que nos permita respirar e inspirar honradez, compasión, inteligencia y belleza, atributos femeninos sofocados por actitudes masculinas que mantienen ciegamente ambos sexos.

Carmina Fort