ANFETAMINAS A LOS NIÑOS

abril 3rd, 20118:15 am

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Educar significa conducir, y a quien no se deja conducir, se le mete en cintura mediante la química. ¿No es lo que se hacía con los disidentes en los hospitales psiquiátricos?

Un número creciente de escolares está siendo medicado con un derivado de anfetaminas para neutralizar su supuesta “hiperactividad”, un diagnóstico extraído de un breve y cuestionable cuestionario, rellenado a instancias de maestros que se ven desbordados por la conducta revoltosa de algunos de sus educandos. Cosas de la química, las mismas pildoritas que dejan como una malva a los infantes, pondrían como una moto a los adultos. Quizá habría que plantearse si no es el aburrimiento lo que hace inquieto a un niño en clase, o la necesidad de atraer la atención, por carencias en el seno familiar. El cuestionario es valorado por un orientador vinculado a la escuela, y tras el veredicto, se informa a los padres de la solución mágica que permitirá a su hijo adaptarse, memorizar las lecciones, y darles un respiro en casa. El neurólogo, o simplemente el médico de cabecera, extiende la receta sin informarles  sobre el compuesto del fármaco que en lo sucesivo suministrarán al niño. ¿Qué efecto tendrá la acumulación de tóxicos en su cerebro en desarrollo? Nadie se lo plantea. El niño es la cobaya.

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