ASESINATOS DEMOCRÁTICOS: EL 11-S y el 11-M

marzo 11th, 202210:42 am

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Escribí hace once años el texto que hoy os ofrezco y que entonces decidí no publicar, en espera de respuestas, por lo que nombres, fechas y otros aspectos están desfasados, pero creo que sigue siendo válido tanto para evitar que caigan en el olvido los gravísimos hechos de toda laya que en él se relatan como para estar atentos a la manipulación permanente y violenta que grupos identificados o sin identificar ejercen sobre los ciudadanos de todo el planeta. Este artículo no es producto de una investigación propia, ya que todos los datos han sido previamente publicados o emitidos y sólo me he limitado a ponerlos en contexto.

Los términos del titular deberían ser antitéticos, pero siempre han convivido; el poder político –o quienes lo manejan- se erige en justiciero, mientras asegura que nos cobija el “imperio de la ley”, un metafórico paraguas más temible que estar a la intemperie; porque la catarata de leyes evidencia el fracaso de la convivencia, y lo que persiguen los legisladores es limitar derechos, imponer doctrinas, boicotear el desarrollo personal desde la infancia, endurecer exigencias para acceder a cualquier bien, vedado a la población y disfrutado con blindaje por las clases que ejercen de dirigentes gracias a la obnubilación de los votantes, a los que se mete periódicamente en vereda mediante el terror indiscriminado.
Las acciones terroristas tienen como resultado que los ciudadanos pidan mayor protección al Estado, aceptando como contrapartida leyes que restringen sus libertades, el espionaje a cualquier escala, los asesinatos selectivos o la invasión de países en aras de una seguridad física, que quizá se han encargado de socavar los propios políticos a través de servicios de espionaje y organizaciones secretas.
Obama declaró en televisión que quien no crea que había que matar a Ben Laden, debería hacerse analizar (la cabeza). Su Fiscal General afirmó sin pestañear que al matarlo se ha hecho justicia. Y el mismísimo Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, recientemente reelegido por unanimidad, dijo sentirse “aliviado” con esa muerte, que considera justa.
Los hijos mayores de Ben Laden han apelado precisamente a la ONU para que investigue las circunstancias de la muerte de su padre y la desaparición de su cuerpo en el mar. Ya tienen la respuesta del máximo representante del máximo organismo mundial, encargado de velar porque cualquier criminal tenga un juicio justo, los derechos humanos y otros detallitos.
Un reciente reportaje de portada en el New Yorker corrobora lo que ya era sabido: que la operación “Gerónimo” tenía la misión de matar a Ben Laden, no de detenerlo, y constituye un caso ilustrativo de “asesinato democrático”: lo ordenó un presidente elegido democráticamente; se pagó con dinero público que recauda una hacienda democrática, de unos contribuyentes que son miembros de un país formalmente democrático.
Y los asesinatos ordenados por el Gobierno de Estados Unidos se han seguido produciendo, al tiempo que sus representantes deciden en qué países se respetan o no los derechos humanos.
La mafia y otras organizaciones terroristas también eliminan a sus enemigos. ¿Quién marca la línea que separa a un “padrino” asesino de un “presidente” asesino? Vendetta y Omertá. Así vivimos.
BEN LADEN: DE AMIGO A ENEMIGO
Tres meses después de que un comando de los SEALS, fuerzas de élite de la Marina, cruzaran desde Afganistán a Pakistán para matar a Ben Laden, veintidós de los miembros que habían participado en la operación murieron al derribar su helicóptero insurgentes afganos, según fuentes oficiales, mientras que otras lo atribuyen a una bomba oculta en el propio helicóptero, para silenciar a los testigos de aquella acción, cuyo relato oficial está lleno de contradicciones.
Ben Laden fue reclutado en los años ochenta por la CIA para que formara un ejército de guerrilleros, armados y entrenados por ésta y financiados por Arabia Saudí, para expulsar a los soviéticos de Afganistán; hecho el trabajo, y tras una guerra civil, Ben Laden se identificó con el nuevo gobierno teocrático talibán (“talibán” significa estudiante; mullah, el que enseña), y se le atribuyen desde entonces todos los actos terroristas de supuesta raíz islámica… excepto el más dañino, el 11-S, ya que los fiscales estadounidenses, que le procesaron en 1998 por atentados contra intereses americanos en Somalia, Kenia o Tanzania, nunca lo hicieron por los atentados del 11-S, aunque el gobierno Bush le cargó la responsabilidad, justificando ante la opinión pública la “guerra global contra el terror”, y la subsiguiente invasión de Afganistán e Irak.
En octubre del 2001, el corresponsal en Kabul de la cadena de televisión gubernamental catarí Al-Yazira, hizo una entrevista a Ben Laden, que no se emitió, ocultando incluso al mundo que existiera. Al mes siguiente, un misil norteamericano teledirigido destruyó las oficinas de Al Yazira en Kabul. Por su parte, la CNN, que tenía un contrato con esa cadena árabe, supo de la cinta y se hizo secretamente con ella, (lo que provocó el enfado de Al-Yazira, y la ruptura del trato) traduciendo al inglés su contenido, que todavía se encuentra en Internet, del que aportamos algunos extractos:
Tayseer Alouni: “(…) América proclama que tiene evidencias convincentes de su implicación en los hechos de Nueva York y Washington. ¿Qué responde?
Ben Laden: “América ha hecho muchas acusaciones contra nosotros y otros muchos musulmanes en todo el mundo. Su acusación de que estamos llevando a cabo actos de terrorismo es injustificada.
En toda nuestra vida hemos escuchado una decisión judicial que condene a alguien basándose en que tiene una “prueba secreta”. Lo lógico es presentar esa prueba ante un tribunal de justicia. Y lo que muchos líderes han dicho hasta ahora es que América tiene sólo un indicio, y no una prueba tangible”.
Las líneas anteriores, en las que Ben Laden se exculpa implícitamente del 11-S, fueron cortadas de la entrevista original por Al Yazira, tanto en la traducción del texto al inglés como en el vídeo: la cámara está fija sobre Ben Laden, y en el minuto 1´15 registra un salto de imagen, que corresponde a las frases suprimidas. Recordemos que el Gobierno de Qatar es un estrecho aliado de Estados Unidos.
De esta forma, se ha podido seguir atribuyendo a Laden hasta hoy la autoría intelectual de los terribles atentados, obviando que los fiscales americanos nunca lo encausaron por aquellos hechos.
Y resulta extraño que unas categóricas y comprometidas declaraciones de Francesco Cossiga, ex presidente de Italia, hechas al Corriere della Sera en 2007, hayan pasado desapercibidas:
Francesco Cossiga: “Ben Laden, supuestamente “confiesa” que Al Qaeda habría sido el autor del atentado del 11 de septiembre a las dos torre de Nueva York, pero en todos los círculos democráticos de América y Europa, entre ellos los del centro-izquierda italiano, saben muy bien que el terrible atentado fue planeado y realizado por la CIA americana y el Mossad, con la ayuda del mundo sionista, para poder acusar a los países árabes, y para inducir a las potencias occidentales a intervenir, bien en Iraq, bien en Afganistán”.
Ya anteriormente, Cossiga había expresado sus dudas sobre la autoría del 11-S:
“El autor intelectual de los ataques ha tenido que ser una mente sofisticada, provisto de amplios medios, no sólo para reclutar a fanáticos kamikazes, sino también a un personal altamente especializado. Yo añado una cosa: los ataques no habrían podido producirse sin infiltraciones en el personal de seguridad de radar y de vuelo.”
Y en relación a los supuestos vídeos de Al Qaeda que iban apareciendo, el antiguo mandatario italiano sentencia:
“El vídeo en el cual reaparece Osama Ben Laden (…) y en el que se formulan amenazas a Silvio Berlusconi, no es otra cosa que un video-montaje realizado en los estudios Mediaset de Milán, y hecho llegar a la red de televisión Al-Yazira, que lo ha difundido ampliamente…”.
Cossiga estaba perfectamente informado de las operaciones terroristas de “falsa bandera”, quizá como los atentados del 11-S y otros, ya que fue, junto con Andreotti, quien ayudo, según confesión propia, al establecimiento en Italia de la red Gladio, de la que se hablará más adelante.
En la entrevista de Al Yazira, se pregunta a Ben Laden sobre Al-Qaeda, la organización a la que servicios secretos y medios de comunicación atribuyen una red extendida por medio centenar de países, que cometen acciones terroristas por orden suya:
Ben Laden: “Ese tema no está relacionado con este pobre servidor de Dios, ni con la organización Al-Qaeda, que es un nombre muy antiguo; nació sin intención por nuestra parte. El hermano Abu Ubaida al-Banshiri creó una base de entrenamiento de jóvenes para luchar contra el vicioso, arrogante, brutal y aterrorizador imperio soviético, así que este lugar se llamó “La base” (Al-Qaeda), como una base de entrenamiento, y el nombre creció y permaneció”.
Robin Cook, ex ministro de Exteriores británico, quien dimitió de su puesto por oponerse a la guerra contra Irak que preparaban Blair y Bush basándose en la posteriormente demostrada falsedad de que Sadam Hussein disponía de armas de “destrucción masiva”, y apoyaba a la organización Al-Qaeda, había escrito:
“Al-Qaeda, literalmente “la base de datos”, era originalmente una lista de ordenador de los miles de combatientes que fueron reclutados y formados con ayuda de la CIA para derrotar a los rusos.”
Cook precisó cuatro semanas antes de morir, en circunstancias extrañas –como extraño fue el presunto suicidio del profesor Kelly, experto en armas biológicas, quien viajó cuarenta veces a Irak desde la primera Guerra del Golfo, en busca de las nunca halladas armas de destrucción masiva-:
Cook: “La verdad es que no existe un ejército islámico o grupo terrorista llamado Al Qaeda. Y cualquier agente informado de los servicios de inteligencia lo sabe. Pero hay una campaña de propaganda para hacer creer a la población que hay una entidad identificada representante del mal, sólo para conducir a los espectadores de televisión a aceptar un liderazgo unificado internacional en una guerra contra el terrorismo. El país que está detrás de esta propaganda es Estados Unidos.”
Y el antiguo consejero de Seguridad Nacional, el polaco Zbigniew Brzezinski, declaró ante el Senado de Estados Unidos en 2006 que “la guerra contra el terror es la narración de una historia mítica”. En 1998 había admitido al Nouvel Observateur que la CIA comenzó a operar militarmente en Afganistán antes de la invasión soviética, precisamente para provocar la intervención de los rusos, en previsible respuesta a la petición de ayuda del gobierno prosoviético de Kabul, atrayéndolos así a una trampa que se convertiría, según Brzezinski, en “su Vietnam”, que debilitaría su poder militar y político.
Y hay más aspectos maquiavélicos que intervienen en esa orquestada confusión.
Seymour Hersh, experto periodista del New Yorker, descubrió que cientos de soldados del Mossad llevan mucho tiempo en Irak:
“Estos ciudadanos israelíes llegaron a Irak disfrazados de civiles árabes o kurdos, hombres de negocios, ¿quizá contratistas? ¿Quizá bajo contrato con la oficina de los neoconservadores del Pentágono?
¿De cuántas de sus acciones ha sido acusado Abu Musab al-Zarqawi? ¿De cuántas acciones terroristas de Israel se ha culpado a Al-Qaeda?
He investigado el desarrollo de los muyahidines, y esta es mi conclusión:
En los años 80, Israel supervisó el reclutamiento de muyahidines árabes afganos, supuestamente para luchar contra Rusia. Fueron carne de cañón y refugiados, antes de acabar en Guantánamo. El verdadero propósito era que ayudaran a Israel a crear un mito práctico: Al-Qaeda. Los muyahidines árabes eran inofensivos, como recientes revelaciones de Guantánamo han demostrado.
La CIA encargó a especialistas de la inteligencia israelí y judío-americana -siendo los israelíes aliados y expertos en Oriente Medio- el reclutamiento de árabes muyahidines, que Estados Unidos emplearía contra Rusia. Israelíes disfrazados como misioneros árabes o paquistaníes incluso dirigían centros de reclutamiento. Israelíes que se hacían pasar por misioneros árabes fueron detenidos en India, e Israel se apresuró a rescatarlos”.
(Según noticia aparecida en la revista india “The Week”, el 12 de enero del año 2000, oficiales de inteligencia en Calcuta detuvieron a once extranjeros, que se disponían a embarcar en un vuelo a Bangladesh, ante la sospecha de que se tratara de un grupo de secuestradores aéreos de Al Qaeda; los detenidos declararon que habían estado dos meses en India en “Tablig” (movimiento islámico de predicación, originado en India), pero todos ellos tenían pasaporte israelí. El Gobierno indio los dejó en libertad por las presiones de Israel.)
“Los propios muyahidines árabes”, continúa Hersh, “eran ineficaces y casi inútiles. He escuchado a los parientes de muchos de los que murieron en vano en torpes incidentes en Afganistán.
Todo lo que querían los sionistas era una historia, un mito que les permitiría crear otro mito: Al-Qaeda. Los sionistas necesitaban este mito como excusa para sus planes a largo plazo de la “guerra contra el terror”, una guerra para desestabilizar Oriente Medio y poner al mundo contra los musulmanes.
Ni Ben Laden ni los refugiados árabes de los que éste se ocupó tuvieron significancia militar. Los propios afganos fueron realmente los muyahidines eficaces porque conocían el territorio y la estructura tribal. De hecho, los afganos veían a los árabes como un estorbo.
Cuando los neoconservadores mentirosos hablan sobre el terrorismo árabe-islámico y Al-Qaeda, están de hecho hablando de lo que ellos mismos están haciendo. Están hablando de las actividades encubiertas de Israel.
Los árabes no están involucrados. Comandos israelíes se mueven usando identificaciones árabes falsificadas o robadas y, si es necesario, usan máscaras para ocultar sus auténticas identidades, por ejemplo en los vídeos de decapitaciones.
Israel continúa engañando lo que haga falta para probar que la guerra contra el terror, es decir, la guerra contra los árabes, tiene que continuar.
Escuchadlos más atentamente, amigos. Los sionistas entre nosotros han estado diciéndonos todo el tiempo la verdad: basta con que reemplacéis “árabe” por “israelí”, “Al-Qaeda” por “Mossad”, etc.”
¿Insidias de un antisemita? Da la casualidad de que Seymour Hersh es judío; Premio Pulitzer 1970 por desenmascarar la masacre perpetrada por tropas americanas contra población civil en la aldea sudvietnamita de My-Lai.
ASESINATOS SELECTIVOS
La técnica del “asesinato selectivo” viene de lejos; cuando interesa desencadenar una guerra, se busca a la víctima propiciatoria que justifique ante la opinión pública la acción bélica: la voladura del Maine, para la Guerra de Cuba; el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, para la Primera Guerra Mundial; el ataque a Pearl Harbour, para que Estados Unidos entrara en la Segunda. Más recientemente, Afganistán, Irak, Libia… Es raro que una guerra esté desvinculada de las materias primas, la geopolítica, las empresas de armamentos o las altas finanzas.
El terrorismo también se emplea para llegar al poder o mantenerlo, para desequilibrar a la sociedad, empobrecerla y someterla.
Que la Unión Soviética matara a disidentes dentro y fuera de sus fronteras entraba en la lógica de una dictadura, no del todo desaparecida en sus métodos, ya que Rusia sigue eliminando a gente molesta: políticos, periodistas, abogados, antiguos espías dispuestos a hablar; o se vuelan edificios para culpar a los chechenos.
Mladic está en La Haya para afrontar un juicio por genocidio. A otros, con menos muertos a sus espaldas, o con ninguno, se les condena a muerte sin juicio.
Hace muchos años que Israel aplica “su justicia” para quitarse de en medio a quienes considera una amenaza, o en represalia por ataques, con múltiples víctimas “colaterales”. Los dirigentes de las naciones occidentales miran a otro lado ante esos actos de terrorismo de Estado, de Estado democrático, justificados siempre en la “seguridad”, y el “derecho a defenderse”.
En España, los socialistas trataron de imitar al Mossad, KGB, CIA y otros eliminadores, montando el GAL, aunque aquí, como de costumbre, el resultado fue una chapuza, por desgracia con víctimas: unas, seleccionadas por los fontaneros del poder; otras, “colaterales”, todas a manos de asesinos profesionales, tanto los que fueron contratados para un trabajo letal puntual, como los que cobran en calidad de funcionarios del Estado. La intención de sus jefes políticos era -es- la misma que mantienen individuos dentro y fuera de los tribunales: erigirse en Dios, decidiendo sobre la vida y la muerte de congéneres.
No había intención de llevar a Ben Laden ante un tribunal, porque sabía demasiado; y el 11-S, que ha servido para justificar en el último decenio todo tipo de tropelías contra la población civil y el derecho internacional, sigue rodeado de incógnitas.
El documental “Fábrica de espías”, emitido por RTVE, relata que los teóricos suicidas de los aviones, no sólo consiguieron visados para entrar en Estados Unidos, a pesar de estar en una lista de sospechosos, sino que algunos de ellos se habían alojado en el hostal Valencia de Laurel, pueblecito de Maryland, a sólo tres kilómetros de la central de la poderosa NSA (Agencia Nacional de Seguridad), que a partir de los atentados, y merced a una ley aprobada por Bush, que Obama acaba de prorrogar por otros cuatro años, puede controlar sin límites ni permisos las comunicaciones de cualquier ciudadano, empresa o institución americanos –hasta entonces prohibido sin orden judicial-, y las del resto del mundo, como han hecho siempre. En España también tienen el dedo fácil para intervenir comunicaciones, que algunos tribunales anulan como prueba, sentando en el banquillo al juez prevaricador que las ordenó.
Con raras excepciones, los políticos de todo el mundo han aprobado el asesinato de Ben Laden; Zapatero se ha permitido incluso felicitar a Obama, quizá justificando la acción en los atentados de Madrid, que precisamente lo llevaron al poder, y que Al Quaeda nunca reivindicó; unos atentados rodeados de tantas o más incongruencias que el 11-S, como puede comprobarse con estupefacción leyendo las distintas informaciones al respecto, de las que recordamos algunos detalles:
ETA roba un coche para cometer un atentado, justamente en el callejón en el que tiene un garaje Suárez Trashorras, confidente de la policía, acusado de proporcionar los explosivos Goma-2 ECO, que supuestamente estallaron en los trenes.
Dos caravanas con explosivos salen el mismo fin de semana hacia Madrid; una es de ETA, viene de Francia, y es detenida en Cañaveras en un extraño episodio. La otra es de Suárez Trashorras, y uno de los conductores es el Chino, también confidente de la policía, traficante de drogas, que viaja con frecuencia al País Vasco.
Cometido el atentado, empiezan a pasar cosas de película:
Aparece una mochila en Vallecas, que nadie había visto antes, con una tarjeta para el móvil, que no podría haberla hecho estallar, conteniendo gran cantidad de metralla, cuando la forense que revisó a las víctimas ha declarado que en ninguna de ellas había signos de metralla (clavos o tornillos).
Aparece una cinta en una papelera junto a la mezquita de la M-30, en la que el islamismo radical asume el atentado.
Aparece una furgoneta Kangoo, que los rastreadores no vieron antes, con pruebas incriminatorias para un puñado de pequeños delincuentes, también confidentes de la policía.
Se destruyen los vagones; desaparecen casi todos los restos, kilos y kilos, que habían sido acumulados en dependencias policiales; las muy escasas pruebas que se presentan al juez han sido lavadas primorosamente con acetona; no hay rastro de las ropas o accesorios de las víctimas.
Los peritos independientes descubren en una de las muestras, que no lavaron bien, dinitrotolueno, un componente de la Titadyne, que emplea ETA.
El jefe provincial de los TEDAX declara que los destrozos en los trenes no han podido ser causados por dinamita, sino por un explosivo de uso militar tipo C-3 o C-4.
Tres semanas después del 11-M, una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa permitió descubrir en Saint-Michel, cerca de la frontera española, una fábrica y almacén de explosivos de ETA, entre los que se encontraron cien kilos de SEMTEX, la versión checa del explosivo militar C4, que fabricado de forma ilegal, no incluye unos marcadores químicos que permiten detectarlos, y por tanto no dejan rastro tras la detonación.
Luego está el lío de los teléfonos (como en el caso Faisán), que lleva a la detención de una serie de personas en Lavapiés, entre ellos Zougan (que al entrar detenido en comisaria, hace una extraña pregunta a los periodistas: ¿”Quién ha ganado las elecciones?”) Un testigo clave, que sirvió para condenar a Zougan como autor material, dice ahora que la policía le mostró su foto no al día siguiente de la masacre, como afirma la sentencia, sino dos semanas después.
Un ingeniero especializado en mecánica de máquinas vio a los dos días del atentado cómo un tráiler, sin ningún tipo de escolta policial, trasladaba por la M-IV uno de los vagones estallados en los atentados, que por su conocimiento profesional cree que se dirigía a una fundición situada en esa carretera. De los restantes vagones tampoco ha quedado rastro, lo que ha impedido determinar el tipo de explosivo que se utilizó.
Las declaraciones de varios TEDAX ante la jueza Coro Cillán, quien instruye desde 2009 la causa abierta contra el entonces jefe de ese cuerpo, Sánchez Manzano, por su actuación en el 11-M, apuntan que éste llegó con sus hombres, y les quitaron las muestras que habían recogido; que no es normal que se lleven los restos de los explosivos y no se comparezca ante la Brigada que está investigando los hechos; que no entienden por qué la Policía Científica no estaba allí, en estaciones como Atocha, si ellos eran los competentes para hacer la inspección ocular; y los artificieros de Sánchez Manzano mezclaron los restos, imposibilitando que se supiera a qué foco pertenecía cada uno. Ingentes cantidades de restos, que han desaparecido. Este personaje está imputado junto a la jefe perito del laboratorio de los artificieros por destrucción de pruebas clave, y acusado de encubrimiento, omisión del deber de perseguir delito y falso testimonio. Ahí es nada. Paradójicamente, Rubalcaba ha premiado tan ejemplar historial, ascendiéndole a comisario principal, un cargo que no perderá cualquiera que sea la resolución judicial.
Y la juez Cillán sigue sin obtener respuesta de la Audiencia Nacional, a la que ha solicitado en varias ocasiones que le confirme si fue el juez del Olmo quien ordenó destruir los trenes.
NI EN MONTAÑAS LEJANAS, NI EN DESIERTOS REMOTOS
Aznar tendrá que desvelar algún día el sentido de las enigmáticas palabras que dejó caer en la comisión parlamentaria para el esclarecimiento -es un decir- del 11-M, cuando apuntó con aplomo que los autores intelectuales de los atentados no estaban “en montañas lejanas, ni en desiertos remotos”. Y mantuvo que ETA colaboró en la masacre.
Los autores intelectuales siguen sin ser descubiertos.
Cuando algo tan atroz sucede, hay que preguntarse a quién beneficia. El PSOE ganó, contra todo pronóstico, las elecciones generales, y ETA prosiguió sus negociaciones con los socialistas, hasta obtener lo que quería: entrar por la puerta grande en las instituciones tras beneficiarse de la esperpéntica sentencia política de ese Tribunal Constitucional embarrado.
ETA ha conseguido internacionalizar el “conflicto”; se habla de “paz”, como si hubiera habido dos contendientes armados. Ni se disuelven ni entregan las armas; equiparan a los asesinos con los asesinados; exigen la amnistía a los presos; referéndum soberanista, en el que una sociedad aterrada desde hace medio siglo, difícilmente votaría en libertad: se han profanado lápidas de los asesinados; se han recibido amenazas verbales y escritas en los muros, al más puro estilo mafioso, y todos saben quién tiene que bajar la cabeza y quién se enseñorea de las calles. Con Bildu en las instituciones locales y autonómicas, y Amaiur en el Congreso, obtiene la fuerza política para avanzar hacia la independencia, y supervisará desde la amenaza de las armas el plan trazado desde hace años.
Y mientras, Rubalcaba declara a propósito del final de ETA: “Dentro de muy poco, trataremos de no recordar lo que nos pasó”. A él no le pasó nada.
¿Cómo hemos llegado a esta situación de iniquidad?
Hagamos un poco de memoria, que con tanta frecuencia perdemos en este país.
En 1995, ETA, que ya entonces negociaba con el Gobierno de Felipe González, intentó matar a Aznar con un coche bomba, para generar una convulsión social, evitando que la derecha llegara al poder. El Gobierno socialista daba sus últimos estertores, y su cúpula de Interior estaba en la cárcel por los crímenes de los GAL y el robo de fondos reservados; González declaró en el Tribunal Supremo que él no sabía nada.
El juez Garzón se había vengado de González: “Me he sentido engañado”, declaró quejumbroso el juez estrella, tras ir en las listas socialistas para convertirse en ministro del Interior, a cambio de congelar el expediente sobre el GAL, que reactivó tan pronto se reincorporó –de inmediato y sin pudor- a la Audiencia Nacional, lo que llevó a la cárcel a la cúpula de Interior, y dejó en el aire la identidad de un señor X, responsable último del terrorismo de Estado.
Cuando Aznar ganó las elecciones en 1996, González le exigió que sacara a sus hombres de la trena. ¡Increíble! Y lo más increíble es que Aznar concedió con rapidez un indulto parcial (González quería un indulto total), conmutando dos tercios de las penas a los condenados por el GAL, que fue poniendo en la calle a los siguientes ex altos cargos:
José Barrionuevo, ministro de Interior; Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad; Julián Sancristóbal, director general de Seguridad; Francisco Álvarez, jefe de la Lucha Antiterrorista; Miguel Planchuelo, jefe de Policía de Bilbao; Ricardo García Damborenea, secretario de los socialistas de Vizcaya.
González los había sustituido por otros hombres de su confianza, y Aznar confirmó al llegar al poder a algunos de ellos, que debían sus carreras y consiguiente lealtad a los socialistas, como era el caso de Jorge Dezcallar, experto en islamismo, embajador en Marruecos y jefe de antena allí del espionaje español. Aznar lo fichó como jefe del Cesid –luego CNI-, y fue Dezcallar quien descartó reiterada y firmemente, basándose en su amplia experiencia, y en sus consultas con los más importantes servicios secretos, cualquier implicación del islamismo radical en el 11-M, empujando al Gobierno del PP a decantarse en exclusiva por ETA como responsable de los atentados, hasta que una providencial cinta reivindicativa del islamismo radical fue encontrada, dicen, por un antiguo policía, cuyo nombre no ha trascendido, en una papelera cercana a la mezquita de la M-30, dejando a Aznar y su gobierno en cueros.
Mal deben de andar las pensiones si los ex funcionarios tienen que estar rebuscando en las papeleras. ¿Y si la cinta la hubiera cogido un niño, o un indigente, o un basurero hubiera vaciado la papelera? Hubo mucha “suerte”; la cinta la “encontró” alguien justo a tiempo, a dos días de las elecciones.
En 1999, Aznar, en respuesta a una iniciativa de ETA, olvidó que habían tratado de matarlo, y autorizó una serie de reuniones con la banda para explorar el posible abandono de las armas a cambio de la libertad de presos, pero las negociaciones finalizaron al rechazar las exigencias políticas de los terroristas. Y Aznar ganó por mayoría absoluta las elecciones del 2000. No optaría a un tercer mandato, pero su partido, al que las encuestas daban ganador en las elecciones de 2004, seguiría aplicando respecto a ETA el mismo principio de no ceder al chantaje.
¿Qué hacer con este hombre tan obcecado, alma de su partido, al que no lograron matar ni arrancarle concesiones políticas? La guerra de Irak fue la oportunidad. Aunque Aznar apenas envió tropas, y sí un barco hospital, que llegó a Irak en Agosto, cuando la guerra había comenzado en abril, y finalizado en mayo, el ego le jugó la mala pasada de fotografiarse en las Azores junto a sus amigos, Bush y Blair, como escudero de los paladines de la invasión.
El 11-S fue la excusa de diversas potencias para arrasar el poder político y militar en Afganistán e Irak, rebosantes de materias primas, enriqueciendo a particulares y empresas, especializadas en armamento, tecnología, servicio de guardaespaldas o contratistas, vinculadas algunas de ellas con altísimos cargos de la administración estadounidense.
ETA Y EL ISLAMISMO RADICAL
Precisamente en el Afganistán de los talibanes se entrenó durante 18 días en enero del 2001 un comando de tres miembros de ETA, en el manejo de misiles; y ya se sabe que los lazos se estrechan cuando se comparte el objetivo de “liberar” a los respectivos pueblos. Lo que recuerda la ingeniosa frase: “¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!”. Y los etarras compraron a los talibanes tres misiles, pensando dedicar al menos uno de ellos al derribo del avión de Aznar. ¡Qué fijación!
Quien rechaza la conexión entre grupos terroristas occidentales e islamistas, está ocultando hechos como una reunión que tuvo lugar en el año 2000 en el norte de Italia, en la que participaron representantes de ETA, Ira Auténtico, Hamás, Hizbolá, Grupo Salafista, Al-Qaeda…
O la evidencia de que entre diciembre del 2000 y enero del 2001, diez miembros de Hamás recorrieron el País Vasco y Navarra, entrevistándose con varios alcaldes de Batasuna.
También hubo miembros de ETA en Irak, haciendo de escudos humanos frente a la invasión americana, y colaborando en atentados. Dos de esos escudos humanos podrían ser los que conducían la caravana con explosivos detenida en Cañaveras, mientras la caravana del Chino seguía su viaje a Madrid, después de ser multado varias veces, llevando documentación falsa.
Así que la banda tenía amigos entre los radicales islamistas, como demostró la conexión en prisión de algunos de ellos con etarras, por lo que no había necesidad de ir a montañas lejanas para importar a pardillos.
A un puñado de pequeños delincuentes, trapicheantes de droga y confidentes de la policía, se dice que les ofrecieron 3.000 euros por cada mochila colocada en los trenes. (Mochilas innecesarias si lo que se empleó fue el explosivo C-4, que cabe en una cajetilla de tabaco). Pero los islamistas radicales no cobran, pagan con su vida la ejecución de un atentado, y siguiendo el guión, Gabilondo contaba en la SER que había suicidas en los trenes. Pobre hombre. Y los sms, que muchos recibimos y parece que salieron de las filas socialistas (“Y Aznar ¿se va a ir de rositas?”), sirvieron para congregar el día antes de las elecciones, rompiendo la jornada de reflexión, a multitudes amenazantes en las sedes del PP, que culpabilizaban a Aznar de la masacre y justificaban los asesinatos como legítima vendetta por la guerra de Irak. Y a diferencia de Estados Unidos, donde la población reeligió a Bush, rechazando que el terrorismo dictara su voto, en España hubo un abyecto vuelco electoral.
Pero el 11-M no sólo benefició a los socialistas, y a ETA, como ésta reconoció en un comunicado interno en 2009, sino también a Bush, porque le permitió reafirmarse en el peligro del islamismo radical y justificar ante su opinión pública las ya entonces impopulares invasiones de Afganistán e Irak; las bajas americanas; el fracaso de la marcha de la guerra en esos países, y ganar la reelección.
La responsabilidad de los atentados del 11-M se ha sustanciado en los tribunales con condenas a un puñado de delincuentes de poca monta, bien conocidos de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado.
Y se da la circunstancia de que, según informaciones publicadas, el Tunecino y otros de la supuesta trama pasaron, seis días antes de los atentados, por la comisaría de Ventas. El, y otros correligionarios se habrían suicidado en un piso de Leganés, llevándose por delante al jefe de los GEO al mando de la operación, una operación con desenlace idéntico al de Ben Laden. Todos ellos sabían demasiado.
El argelino Allekema Lamari, que cumplía pena de prisión por pertenencia a banda armada, quedó incomprensiblemente en libertad en 2002, dos años antes de lo que correspondía. Los tres jueces que decretaron su libertad dicen no recordar por qué lo hicieron.
Lamari murió en la explosión del piso de Leganés, y está considerado por los investigadores, a toro pasado, el principal cerebro del 11-M.
¿Qué pasó realmente en Leganés? Si aquellos hombres eran fanáticos islamistas ¿cómo se atrevieron a desobedecer una orden explícita de su Libro sagrado?
El Corán dice en su azora 4, versículo 33: “…Y no os matéis vosotros mismos…”. Y en el 34: “A quien haga eso con injusticia e iniquidad, le haremos consumir en fuego…”
El sirio Moutaz Almallah -cuyo hermano Mouhammad fue condenado a 12 años de cárcel por el 11-M y absuelto posteriormente por el Tribunal Supremo-, que está procesado por su presunto apoyo a algunos de los implicados en los atentados, dijo durante el juicio: “Doy el pésame a las víctimas, y a todos los inocentes”. ¿Quiénes eran esos inocentes?
El confidente marroquí de la policía española apodado Cartagena, que trabajó, o trabajaba todavía, para los servicios secretos marroquíes en los meses anteriores al 11-M, ha contado que su controlador le pidió que fuera ese mismo día al piso de Leganés, pero tuvo miedo y no fue. Su intuición le salvó la vida.
VERSION OFICIAL O CONSPIRANOICOS
A diferencia de España, donde pocos se permiten dudar en público de la versión oficial, en Estados Unidos existen diversas asociaciones, algunas de ellas integradas por intelectuales, ex altos cargos políticos, catedráticos y otros cualificados profesionales, que rechazan la versión oficial y exigen que se investigue la catástrofe, como “Architects and Engineers for 9/11 Truth” (Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 11-S, quienes atribuyen a demolición controlada la caída de las torres y del rascacielos 7) o “Scholars for 9/11 Truth and Justice” (Académicos por la Verdad y la Justicia del 11-S, porque su formación y obligada altura moral los impele a rechazar la nebulosa que rodea los atentados).
Tanto allí, como entre las limitadísimas iniciativas que hay en España para esclarecer la verdad del 11-M, las sospechas de los investigadores apuntan a que en ambos atentados se trató de un “Inside Job”, un trabajo planificado “desde dentro”, cuya total y exclusiva responsabilidad se ha venido atribuyendo hasta ahora a los socorridos islamistas radicales, por parte de la izquierda; a ETA, por parte de la derecha. Y a partir de los datos y coincidencias expuestos más arriba, incluso en colaboración.
Pero Julio Anguita declaró hace un par de años en un programa de televisión que el 11-M no fue obra ni del islamismo radical ni de ETA, según informaciones que prefirió no desvelar; y periodistas especializados en el tema han llegado a la misma conclusión, basándose en que ni radicales islamistas ni etarras hubieran podido introducir una mochila-señuelo en una comisaria, y muchos menos, ordenar la destrucción de los restos recogidos por los TEDAX, de las ropas y efectos personales de las víctimas, o el desguace total de los vagones estallados…
¿Quién lo hizo entonces?
GLADIO
En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, los servicios secretos americanos y británicos montaron sendas operaciones: una se bautizó Paperclip, y tenía como misión proporcionar a nazis, valiosos por sus conocimientos, una nueva identidad (de ahí el nombre de clip, que sujetaba los papeles); muchos se quedaron en Alemania, entrando en las nuevas instituciones, con un pasado oficial limpio de crímenes, y la misión de espiar para quienes los habían salvado del juicio de Nuremberg; otros fueron a Estados Unidos para desarrollar el programa espacial, tecnología, y hasta métodos de control mental, que la CIA aplicó a muchos de sus ciudadanos sin su consentimiento.
La otra operación fue Gladio, un ejército de retaguardia, organizado para impedir que los partidos comunistas de Europa Occidental llegaran al poder.
El programa de la BBC “The Power of Nightmares” (El poder de las pesadillas) demuestra que los mayores atentados en Europa después de la II Guerra Mundial, o la eliminación puntual de dirigentes molestos, como Aldo Moro, fueron obra de organizaciones creadas y financiadas por diversos servicios de información, tal que Gladio o la masónica P-2. Y los grupos o grupúsculos tanto de extrema izquierda como de extrema derecha, en España y en otros países, los crearon mercenarios, aprovechando el idealismo de los jóvenes para convertirlos en “zombies” al servicio de la desestabilización puntual que convenía –y conviene- a quienes diseñan la estrategia para controlar las vidas y las mentes de los inadvertidos ciudadanos.
SIMULACROS TERRORISTAS: AVIONES, TRENES, METROS.
Mueve a perplejidad que se tengan por “coincidencias” los siguientes hechos:
El 11-S se estaba realizando en Estados Unidos un simulacro de atentado terrorista mediante el secuestro de aviones, circunstancia que impidió, dicen, la reacción adecuada para impedir los ataques, al mezclarse ficción y realidad.
En la semana previa al 11-M, la OTAN desarrolló en varias ciudades europeas, Madrid entre ellas, un ejercicio militar que contemplaba ataques terroristas. El ejercicio terminó el 10-M. La ficción se hizo realidad.
El 7-J tenía lugar en Londres un simulacro de atentado a estaciones de metro; de las 240 con las que cuenta la ciudad, se eligieron tres como foco del operativo: fue precisamente en esas tres en las que estallaron las bombas que mataron a 56 ciudadanos.
Los tres atentados, como tantos otros, se los endosaron a Al-Qaeda, esa cómoda franquicia esgrimida por quienes crearon el mito, denunciado como tal por Robin Cook y Seymour Hersh.
En lo que se refiere al 11-M, su preparación de efecto psicológico comenzó meses antes, con algunos extraños crímenes de espías españoles en Irak, de los que se buscaba culpabilizar al Gobierno de Aznar, por su apoyo a esa guerra.
EL PREMIADO ESPIA QUE NO ACERTABA UNA
Nada más llegar al poder, Rodríguez Zapatero nombró a Jorge Dezcallar embajador ante la Santa Sede; dos años más tarde, respaldó su incorporación a la actividad privada como consejero internacional de Repsol, y tras ganar las elecciones en 2008, lo puso al frente de la embajada en Estados Unidos. ¿Por qué se le concedieron dos de los destinos más prestigiosos de la diplomacia española?
Aznar había nombrado a Dezcallar en 1997 embajador en Marruecos, basándose en su amplia experiencia en el mundo islámico, y sin duda con la aprobación del Rey, tan cercano en todos los sentidos a los monarcas tiranos de ese país; en 2001 lo puso al frente del CESID, con el respaldo entusiasta del PSOE -uno de los nuestros- y de IU, por ser el primer civil que ocupaba el puesto, con el encargo de reorganizar el servicio, que pasaría a llamarse CNI.
En 2002, el “experto” no se entera de que el rey de Marruecos prepara la invasión del islote Perejil, una acción de tanteo plausiblemente alentada por Francia, que observa con disgusto la protección que Bush y Blair otorgan a Aznar, permitiéndole tener su propia política exterior, y zafarse de los intereses del prepotente vecino, que durante decenios ha protegido a ETA para desestabilizar a España. La fortaleza de Aznar queda probada cuando el Gobierno Bush, a pesar de ser un estrecho aliado de Marruecos, advierte por medio de Colin Powell que hay que volver al “status quo” anterior a la ridícula invasión. Trillo manda entonces su armada invencible y reconquista el islote y las cabras.
En mayo del 2003, cuando la guerra de Irak ha concluido, un espía español adscrito a la embajada en Bagdad vuelve al país, siendo asesinado en un extraño episodio: el guardia se había ausentado una hora antes, y él mismo abrió la puerta de la casa a sus asesinos, sin duda porque los conocía.
En noviembre de ese mismo año, siete espías españoles son asesinados en las afueras de Bagdad, mientras que un octavo logra salvarse por la protección de un jefe comunal.
Los estaban esperando, en una zona controlada por tropas americanas. ¿Quién filtró que viajaban en esos coches, y quién los hizo estallar?
Ninguno de esos casos se ha resuelto.
Y cuatro días antes de las elecciones generales, la masacre de los trenes.
Esa misma mañana aciaga del 11-M, Dezcallar habló con Zapatero y con Rubalcaba. ¿Qué les contó? Parece que la oposición recibía información más puntual y precisa que el propio Aznar, quien formó de inmediato un gabinete de crisis, del que inexplicable o explicablemente excluyó a su jefe de espionaje. ¿Fue entonces cuando comprendió que no había que buscar a los autores intelectuales y materiales de los atentados ni en montañas lejanas ni en desiertos remotos?
El caso es que los españoles estábamos en manos de Dezcallar, el expertísimo jefe del CNI, que no se enteraba de nada.
¿Por qué premió Zapatero a un inútil? ¿O lo hizo precisamente porque a ellos les resultó tan definitivamente útil?
¿Quién se benefició de la catástrofe, que dejó doscientos muertos –incluyendo a los “suicidas” de Leganés- y dos mil mutilados y heridos?
– El PSOE, que ganó las elecciones.
– ETA, que ha conseguido entrar en las instituciones con las marcas de Bildu y Amaiur. Recientes informaciones dejan al descubierto que representantes del PSOE no han dejado de negociar con la banda, mientras lo negaban ante la opinión pública (“Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta”, acusó Rubalcaba), incluso cuando Zapatero firmaba en 2001 con Aznar el Pacto Antiterrorista, que era ya papel mojado.
– Marruecos (casi todos los implicados eran confidentes marroquíes), un Estado teocrático que, paradójicamente, siempre se ha entendido mejor con los socialistas. Juan Carlos I también se ha entendido mejor con González y Zapatero que con Aznar.
– Francia, que devolvía España a su redil, con un Zapatero diciendo y haciendo estupideces, dando bandazos y ninguneado por las principales potencias.
– Bush, quien reafirmó ante su opinión pública el peligro del islamismo radical, y logró la reelección.
Israel, que al concitarse mundialmente el odio al islamismo, les dejó las manos libres para seguir justificando el acoso a la población palestina.
Tras abrirse en 2009 proceso al jefe de los TEDAX, Sánchez Manzano, por su delictiva actuación en los atentados, y las críticas de sus propios compañeros, el PP, por boca de González Pons, aseguró: “Cuando lleguemos al Gobierno”, (Rajoy planea hacer una limpia en la Guardia Civil, Policía Nacional y CNI, “para que no le pase lo que a Aznar”, se ha señalado) “facilitaremos todos aquellos documentos o pruebas que estén en manos del Gobierno de España y que hayan faltado en procedimientos anteriores”, porque “un país democrático no puede aceptar que sobre un asunto muy grave haya una parte de verdad que no sea desvelada”.
El momento ha llegado. Hace diez años que se esperan respuestas (hoy dieciocho): ¿Quién lo ordenó, quién lo hizo, quién lo encubrió?
Quizá metiendo en la ecuación a los masones de alto nivel, el perejil de todas las salsas horrendas desde hace siglos, obtengamos las respuestas.
La causa del 11-M prescribe dentro de dos años. Pregunta: los responsables de estos crímenes ¿se van a ir de rositas?

Carmina Fort