DECADENCIA

mayo 14th, 20111:02 pm

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Cuando era más joven (como dice la canción de Sabina) estudiaba en la Universidad, no sin cierta dosis de inercia. Allí nos intentaban transmitir, en una de las clases, qué era o qué fue aquello de la “decadencia del Imperio romano”. Y nos lo daban así, tal cual, sin ningún ejemplo palpable de qué era aquel atractivo misterio o en qué parecía consistir. Nos lo daban como idea abstracta, como cosa hecha y sabida: decadencia moral –decían-, decadencia literaria, decadencia política…. Pero, ¿a qué se referían?, ¿de qué se trataba exactamente?, ¿qué ejemplos podrían ponernos? Durante mucho tiempo, sin saberlo, he estado buscando la huella palpable de esa decadencia, tratando de averiguar de qué me hablaban.
Pues bien, he aquí, 15 años después, que he venido a dar con esa huella. Es la misma, lo sé, porque la he reconocido, la “he visto” reflejada en el cristal de mi espejo. Es ese punto en que uno ve morir a un hombre frente a sí y ni se inmuta. Como si fuesen guisantes u hormigas. Es ese nivel en el que raya la decadencia moral, ese nivel en el que ya ni es decadencia ni es nada, es falta absoluta. O mejor, es fatal y absoluta (pues acaba con la muerte –de otros-)
Los náufragos, siendo etíopes en su mayoría, huían de un conflicto en el que se habían visto envueltos, el conflicto de Libia. Algo falló, el piloto tomó una mala decisión y quedaron a la deriva. Contactaron por teléfono con un sacerdote etíope en Roma, que dio la voz de alarma a la guardia costera. ¿Qué pasó?

- Decadencia administrativa. Roma contactó con Malta para avisar a este pequeño país de que el barco se dirigía a sus aguas jurisdiccionales. Pero ahora Malta dice que de eso nada, y que ellos no tienen constancia de dicho aviso. A lo mejor a alguien se le olvidó pasar el recado. Por otra parte, Roma se desentendió, “ya hemos avisado”, se debieron de decir. Ahora, cuando la noticia ha saltado, me imagino a todos revoloteando en busca de las pruebas que les justifiquen. Tanto unos como otros pueden hacer lo que quieran. La responsabilidad es de ambos por igual.

- Parálisis militar. Un helicóptero en el que los supervivientes pudieron leer la palabra “army” apareció sobre el barco y les hizo llegar galletas y agua. Ahora bien, mira por dónde, nadie sabe de dónde salió tal helicóptero, ni quienes lo pilotaban, ni a qué país pertenecía. Nadie sabe, en la época en que no hay un coche que no lleve GPS (mucho menos un helicóptero de varios millones de dólares), nadie sabe, digo, de dónde salió. Todos (Francia, Gran Bretaña, principalmente) dicen no tener helicópteros en la zona. Y no es que no se sepa, evidentemente, es que los militares no lo quieren decir.

- Parálisis moral. Hacia el 29 o 30 de marzo se cruzaron con un ¡portaaviones de la OTAN! que pasó, al parecer, tan cerca que sería imposible no haberles visto. Vieron despegar de él dos aviones que pasaron luego volando muy bajo sobre ellos. Y, al igual que el helicóptero, ¡nadie sabe ahora de quién era ni qué hacía allí! Este es el verdadero culmen de la miseria moral, esta la verdadera historia de la mal llamada “decadencia” del Imperio romano. No es decadencia, es verdadero bloqueo de los valores, verdadera miopía, ceguera, mala interpretación.

- Parálisis política. “The Guardian” investigó qué posibles portaaviones de la OTAN operaban en la zona y llegó a la conclusión de que debía de ser el Charles de Gaulle francés, que por entonces estaba allí destacado. “Las autoridades navales francesas –dice el Guardian- inicialmente negaron que el portaaviones estuviese en la zona. Tras darse a la luz las pruebas que lo demostraban, el portavoz decidió declinar cualquier comentario”.

- Parálisis intelectual. Solo “The Guardian” se ha hecho eco de la noticia. La mayor parte de las ediciones de prensa (nacionales e internacionales) se ha limitado ha traducir la noticia, cuando no a resumirla lamentablemente. Ni una sola edición comenta la noticia, ni tiene opinión al respecto.

Ahora veo cómo la palabra “decadencia” no era sino un eufemismo académico, una forma edulcorada de “parálisis” o, más bien, “colapso”. Por eso nunca conseguí cuadrar los hechos de la historia antigua del Imperio romano. No, no es decadencia, es colapso. Esa palabra que a todos nos suena a raíz del “colapso” de las torres gemelas (dando por hecho los medios de comunicación, horas antes, que lo natural era que colapsasen, pero ese es otro tema). Y ahí dentro vamos nosotros. No se trata ya de salvar un sistema que ha colapsado, se trata de hacernos la siguiente pregunta ¿Qué estamos dispuestos a salvar de nosotros mismos? ¿Qué voz, qué voces? Lo más digno sería decir sí, el portaaviones era nuestro, y esto ha llegado a un nivel tal de hipocresía que lo mejor es que nos rasguemos las vestiduras y demos la cara.

Taid Rodríguez.