EL REY Y LA JUSTICIA

marzo 6th, 201311:59 am

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Hace algún tiempo, el New York Times se hacía eco de la información suministrada por una revista de temas económicos que ofrece una relación anual de los más ricos del planeta, y se preguntaba cómo podía el rey de España haber amasado una fortuna de 1.800 millones de euros, la sexta fortuna de la realeza europea, habiendo llegado a la Jefatura del Estado sin un duro. Es una buena pregunta.
Se han echado balones fuera explicando que en esos treinta mil millones de pesetas (trescientos mil, rectifica con razón un comentario) se incluyen posesiones inmobiliarias o artísticas heredadas, pero sea o no exacto el dato de tan enigmática fortuna, sabemos con certeza que el rey ha recibido carísimos regalos en especie de pudientes empresarios, como veleros o coches; que gentes de su entorno, alguno de los cuales acabó en la cárcel, comiéndose leal y silenciosamente “el marrón”, pidieron donativos para la Casa Real al Shah de Persia y a los “primos” árabes, y se les atribuye intermediación en el cobro de comisiones a las empresas españolas que hacían negocios en el exterior, depositando el dinero en cuentas en el extranjero a nombre del gran conseguidor.
No es el único caso escandaloso: la reina Isabel II, una de las mujeres más ricas del mundo, pretendía que el Gobierno le pagase la luz y la calefacción de Buckinham y Windsor, de un fondo destinado a esos servicios para hospitales, escuelas y gentes necesitadas.
Se mantiene la duda, que muchos comentaristas dan por despejada, de un rey comisionista que se ha presentado ante su pueblo como gran patriota, el que abre camino desde su atalaya a los catetos empresarios españoles, algunos de ellos ennoblecidos como agradecimiento a la “pasta” y a los regalos aportados. Hay quien considera que es el abrazo del oso, la embestida del elefante, con el que hay que viajar, negociar y compartir beneficios sí o sí. Sea como fuere, no parece que otros reyes viajen con delegaciones de empresarios para hacer negocios en el exterior, algo tan frecuente aquí.
Ahora tenemos el culebrón de esa señora, sospechosa comisionista, viviendo durante años en el mismísimo complejo de la Zarzuela, en El Pardo, protegida por fuerzas de seguridad que pagan los contribuyentes españoles. No entramos en cuestiones morales, que no nos conciernen y acaban generando una cortina de humo que dificulta la visión del problema: la actitud ética de la máxima autoridad de la vieja y siempre maltratada España por parte de sus dirigentes.
Nadie puede entrar a juzgar si ha cometido delitos económicos, nepotismo, abuso de poder, uso ilegal de bienes del Estado, porque el rey es irresponsable ante la Ley, lo dice la Constitución y lo hemos venido constatando en los últimos treinta y siete años.
Se tomó la precaución de impedir cualquier futura acción legal contra él, porque habiendo llegado a la Jefatura del Estado por imposición de Franco, podía ser reo de connivencia con los crímenes del dictador.
La Constitución de 1978 fue un “trágala”, que blindaba al cómplice e imponía la monarquía, obviando la alternativa republicana, que seguramente habría ganado en aquel momento. Pero además, los expertos en legalidad dinástica han pasado de puntillas sobre diversas ilegalidades que salpican a los malhadados borbones.
Don Jaime, el sordomudo hijo mayor de Alfonso XIII, “abdicó” de sus derechos al trono, dejando vía libre a su hermano don Juan, cuando es sabido que no se puede abdicar sin haber sido proclamado rey. El siguiente y dramático episodio fue la extraña muerte del hijo menor de don Juan, su preferido, a manos de su hermano Juan Carlos, según se dice; un disparo fortuito, que habría debido alejarlo horrorizado de las armas de fuego, y lo llevó sin embargo a la pasión por la caza, menor y mayor. Franco también era aficionado a la caza, de corzos y de enemigos de su Régimen.
Luego tenemos el capítulo de don Juan, renunciando a sus derechos al trono de España en favor de su hijo Juan Carlos… que ya llevaba un montón de años ejerciendo como rey, obviamente de manera ilegítima. Del 23-F, mejor no hablamos hoy.
Nacidos los tres hijos de Juan Carlos, la Constitución recuperó la Ley Sálica de los godos para evitar que la infanta Elena pudiera reinar, por obvias razones de capacidad, complaciendo de paso al levantisco elemento castrense de aquellos tiempos.
Es muy probable que la sociedad española prefiera todavía hoy la monarquía, como carne de revista de peluquerías, como nostalgia de lejanos esplendores protagonizados por los Austrias, o como mal menor entre los que leen y recuerdan los abusos, traiciones, crímenes y torpezas de la II República.
No obstante, un consejo al futuro Felipe VI para que su reinado obtenga la legitimidad de la que hoy carece:
Pida a las Cortes que convoquen un referéndum con la alternativa Monarquía o República, en el que también se replantee el Estado de las Autonomías, que nos ha llevado a la corrupción extrema, al enfrentamiento y a la ruina ética y económica: 17 reyezuelos regionales, y el de España, pidiendo perdón como un niño tras haber sido cogido en falta, avergonzando aún más con su conducta impresentable a sus sufridos y cabreados súbditos.
Del rey abajo, estamos bien jodidos.

Carmina Fort

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