EL SIGLO XX MATO A SUS POETAS, EL SIGLO XXI LOS ESCONDE

enero 6th, 201511:03 am

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La conclusión que da título a esta sección es de la actriz y directora rusa Irina Kouberskaya, quien dirige en unión con el poeta y dramaturgo Hugo Pérez la Compañía y el Teatro Tribueñe en Madrid.

“Quien quiere que los poetas sean muy cuerdos,
quiere que no haya poetas”. Padre Feijoo.

CERVANTES – VIAJE DEL PARNASO
“Estotro que sus versos encarama
Sobre los mismos hombros de Calisto,
Tan celebrado siempre de la fama,
Es aquel agradable, aquel bienquisto,
Aquel agudo, aquel sonoro y grave
Sobre cuantos poetas Febo ha visto,
Aquel que tiene de escribir la llave
Con gracia y agudeza, en tanto estremo,
Que su igual en el orbe no se sabe:
Es don LUIS DE GÓNGORA, a quien temo
Agraviar en mis cortas alabanzas,
Aunque las suba al grado más supremo.
¡Oh, tú, divino espíritu, que alcanzas
Ya el premio merecido a tus deseos.

GONGORA – SONETOS
“Parió la reina, el luterano vino
Con seiscientos herejes y herejías,
Gastamos un millón en quince días
En darles joyas, hospedaje y vino.
Hicimos un alarde o desatino,
Y unas fiestas que fueron tropelías,
Al ánglico legado y sus espías
Del que juró la paz sobre Calvino.
Bautizamos al niño Dominico,
Que nació para serlo en las Españas,
Hicimos un sarao de encantamento;
Quedamos pobres, fue Lutero rico:
Mandáronse escribir estas hazañas
A don Quijote, a Sancho y su jumento.
——–
No sé qué escriba a vuestra señoría,
Que las nuevas de acá todas son viejas;
Falta de pan y sobra de pellejas,
Claro temor y escura valentía;
Pocos caballos, mucha infantería,
De la estéril cebada dando quejas,
Yeguas que correrán veinte parejas
Si el jinete no afloja o se resfría;
Envidia propia, soledad extraña,
El gasto enano, el ánimo gigante,
Dada la extrema-unción a la comedia;
El dinero arrimándose a una caña
La milicia pidiendo con un guante,
Y más habrá, si Dios no lo remedia.
——
Ayer naciste, y morirás mañana,
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¡Para vivir tan poco estás lucida,
Y para no ser nada estás lozana!
Si te engañó tu hermosura vana,
Bien presto la verás desvanecida
Porque en esa hermosura está escondida
La ocasión de morir muerte temprana.
Cuando te corte la robusta mano,
Ley de la agricultura permitida,
Grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún tirano;
Dilata tu nacer para tu vida;
Que anticipas tu ser para tu muerte.
——
Una vida bestial de encantamento,
Arpías contra bolsas conjuradas,
Mil vanas pretensiones engañadas,
Por hablar un oidor mover el viento;
Carrozas y lacayos, pajes ciento,
Hábitos mil con vírgenes espadas,
Damas parleras, cambios, embajadas,
Caras posadas, trato fraudulento;
Mentiras arbitreras, abogados,
Clérigo sobre mulas, como mulos
Embustes, calles sucias, lodo eterno:
Hombres de guerra medio estropeados,
Títulos y lisonjas, disimulos:
Esto es Madrid, mejor dijera infierno.
——–
Muerto me lloró el Tormes en su orilla,
En un parasismal sueño profundo,
En cuanto don Apolo el rubicundo
Tres veces sus caballos desensilla.
Fue mi resurrección la maravilla
Que de Lázaro fue la vuelta al mundo;
De suerte que yo soy otro segundo
Lazarillo de Tormes en Castilla.
Entré a servir un ciego, que me envía
Sin alma vivo, y en un dulce fuego,
Que ceniza le hará la vida mía.
¡Oh qué dichoso que sería yo luego,
Si a Lazarillo le imitase un día
En la venganza que tomó del ciego.
——-
Ser pudiera tu pira levantada,
De aromáticos leños construida,
¡Oh fénix! en la muerte, si en la vida
Ave aún no de sus pies desengañada.
Muere en quietud dichosa y consolada,
A la región asciende esclarecida,
Pues de más ojos que desvanecida
Su pluma fue, tu muerte es hoy llorada.
Purificó un cuchillo en vez de llama
Su ser primero, y gloriosamente
De su vertida sangre renacido,
Alas batiendo, no de mortal fama,
De cristiano valor sí, de fe ardiente,
Más deberá a su tumba que a su nido.
——-
Culto jurado, si mi bella dama,
En cuyo generoso mortal manto
Arde como en cristal de templo santo,
De un limpio amor la más ilustre llama
Tu musa inspira, vivirá tu fama
Sin invidiar tu noble patria a Manto,
Y ornarte ha, en premio de tu dulce canto,
No de verde laurel caduca rama,
Sino de estrellas inmortal corona
Haga pues tu dulcísimo instrumento
Bellos efectos, pues la causa es bella,
Que no habrá piedra, planta ni persona
Que suspensa no siga el tierno acento,
Siendo tuya la voz, y el canto de ella.