EL VIRUS Y LA OMS

marzo 3rd, 20219:23 am

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El equipo de la OMS, que ha podido entrar en China un año después de declararse la pandemia para averiguar el origen del virus, lejos de la prensa y en total hermetismo, concluyó provisionalmente que no había averiguado nada de nada. Los integrantes de la misión apuntaban, en una única aparición ante los medios junto a funcionarios chinos, y en línea con los postulados de aquel país, que el virus es de directa procedencia animal, quizá el pangolín, quizá el murciélago, quizá un animal congelado procedente de un país extranjero, pero “improbable” que hubiera salido del Instituto de Virología de Wuhan, que trajina con esos virus. También se les dijo que el virus no parecía haberse detectado en Wuhan antes de diciembre de 2019, pero investigadores franceses han hallado pruebas de que el virus ya circulaba por Europa en noviembre, y también en América.
Una vez salieron de China, esos mismos científicos empezaron a quejarse de que les habían dado información ya editada, no habían tenido acceso a todos los lugares que hubieran querido visitar, y desecharon por completo la posibilidad de que el virus hubiera llegado a China a través de congelados procedentes de otros países. Mucho más contundente se ha mostrado un miembro de la misión de la OMS: el norteamericano Jamie Metzl declaró a la televisión de su país que estaba en desacuerdo con el informe oficial; que todo había sido un engaño por parte de los chinos, que lo habían ocultado todo, y que existe un 85% de posibilidades de que el virus saliera del Instituto de Virología de Wuhan. Resulta que Metzl no es un radical partidario de Trump, quien congeló los fondos que Estados Unidos destina anualmente a la OMS, unos 500 millones de dólares, diez veces más de lo que aporta China, sino un miembro del Partido Demócrata, con altos cargos en la Administración Clinton.
La ocultación practicada por la OMS hasta donde le ha sido posible en línea con China, que ha cubierto el planeta de muerte, enfermedad, ruina y miedo tiene su razón de ser en la figura del secretario general de ese organismo, el etíope Tedros Adhanom, con una biografía curiosa: se le acusa de terrorismo por ser miembro destacado del Frente de Liberación Popular de Tigray, de ideología nacionalista étnica y marxista, responsable de violaciones, esterilizaciones forzosas y otros crímenes contra la mayoritaria etnia Amhara. Entre otros cargos, Adhanom fue Ministro de Sanidad de su país, y el Observatorio de los Derechos Humanos (Human Rights Watch) le atribuye el ocultamiento de epidemias de cólera enmascaradas como “diarreas” para no dañar el turismo y los negocios, lo mismo que haría en los primeros meses de la pandemia desde su alto cargo, cuyo nombramiento consiguió gracias a los millones de dólares que su partido dedicó al empeño, con el objetivo de conseguirle honores y compra de voluntades, además del empujoncito que llegó de China. Y, noblesse oblige, Adhanom silenció todo el tiempo que pudo la gravedad, la extensión y el origen chino del virus. No pasaba nada, no había que usar mascarillas, no había que dramatizar. Es la posición que mantuvieron, durante mucho más tiempo de lo recomendado, los responsables de Sanidad en España, Illa y Simón, que algún día tendrán que rendir cuentas de su cruel o interesada incompetencia incluso para contar las víctimas.
Adhanom se reunió a finales de enero de 2020 en Beijing con su gran amigo, el presidente Xi Jinping, y se ignora el contenido de sus conversaciones, pero el resultado es que el máximo responsable de la OMS, por cuyas recomendaciones se guían los Ministerios de Sanidad de todo el mundo, sólo tímidamente acabó decretando la emergencia sanitaria, y no fue hasta mediados de marzo cuando calificó la extensión del coronavirus como pandemia.
Otro dato curioso es que la cabeza de puente que utiliza China para controlar África es precisamente Etiopía, la patria de Adhanom, conocida hoy como «la pequeña China», con grandes inversiones en el continente y ahora con la venta de sus vacunas.
Parece que no debe extrañarnos que China, con mil cuatrocientos millones de habitantes, declare sólo cinco mil muertos (¿tenían ya sus vacunas preparadas?); un país comunista con montones de multimillonarios; que mantiene en campos de concentración –de reeducación, dicen- a unos tres millones de seres humanos de la etnia Uigur para forzarlos a que cambien a Mahoma por Mao. No, no debe extrañarnos que China sea la única potencia que se beneficia de la crisis que ha hundido al planeta, ya que el copyright del virus es suyo.

Carmina Fort